-en qué galaxia me olvidaré yo de vos-

Era un día de esos que tanto me gustan, donde el sol se oculta mientras los amantes se esconden para hacer el amor, donde las nubes parecen taparle, como las cortinas a nosotros, y en aquella habitación parecía no haber reloj, parecía detenerse el tiempo, simplemente porque estaba con vos.

La noche era fría y tus brazos el lugar más cálido del mundo, febrero no es invierno y qué tanto importa octubre si estoy con vos.

Encendía el último cigarro de aquel junio perfecto, de esas cajas que ya no se encuentran, que tanto nos costó conseguir, con mi mano libre recogía mi ropa mientras divagaba en mis pensamientos y de un instante a otro, escucho el murmuro de tu voz armónica interrumpirles.

– ¿vas a recordarme?
Preguntaste con una voz tajante, como si tu vida dependiera de ello, como sumiéndote de lleno en un no, que no era posible, no conmigo. No tratándose de vos.

El silencio, inundó nuestra habitación y vos sentiste que de no haber respuesta algo se rompería, pero te quedaste ahí; petrificado esperando más silencio, porque un no habría dolido demasiado, porque de todos, vos bien sabés que silencio también es respuesta. En ese momento solo había humo entre nosotros y buscando las palabras adecuadas decidí romper el silencio y responder.

Un poco ronca del humo y algo temblorosa del miedo, aclaré mi garganta y respondí. Contundente como vos, como nuestro silencio. Difusa como el humo que bloqueaba nuestra vista, pero dejaba al desnudo nuestras almas. Al descubierto, como siempre, una noche más.

– vos siempre serás importante para mí. tus recuerdos se calan en mi piel cual tatuaje; como la poesía tuya que ha decidido calarse en mi alma, en mi vida. Tu manera de moverte entre la gente y esas veces que bailás cuando crees que nadie te ve, de cualquiera me esperaba esta pregunta pero ¿de vos? Vos que siempre serás vos, que sos también una parte muy importante de mí. ¿en qué galaxia alguien se olvidaría de ti?

– Claro que voy a recordarte

Dije entonces, porque no sabía si había sido lo suficientemente clara, porque no quería que quedara la más mínima duda en mis palabras, porque no podía permitir que la incertidumbre se adentrara en tus pensamientos, no cuando se trataba de nosotros dos.

– ¿ni en otros labios, otra cama, otra piel, otros brazos, a otras horas?
– No de vos.

Sonreíste, y justo en ese instante, en aquella habitación; que era nuestra. Surgía una razón más, para no olvidarme.

La lluvia caía y con ella caía yo. La luna y el humo, hacían de aquella habitación una dimensión extraña y mi mente se iba lejos, tratando de huir de la palabra amor, tratando de huir de vos. Sonaba de fondo una que otra canción que ahora odiás y mi mente como siempre se iba de una vez, hasta que tus besos me traían de vuelta, hasta que murmurabas las palabras mágicas: hagamos el amor otra vez.

Nunca supe si significa quédate o no te vayas, mi alma desnuda te miraba con confusión mientas ahí estaba yo. Con la mirada perdida pensando cualquier cosa, mientras no fuera amor.

– No todas mis palabras tienen trasfondo

Dijiste atravesando mis pensamientos, supongo descifrando mi mirada. Te miré entonces, hablándote en silencio y me quedé. Me quedé recordándote hasta hoy. Donde cada cigarro habla de vos. Hoy que ya no preguntás si te recuerdo porque sabés que la respuesta es sí. Porque mi mundo es sí, siempre que estás vos.

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-sábanas, risas y verano-

Aún recuerdo tu sabor a playa, las largas noches sin dormir, el único verano que supo a historia de amor. Las incontables pecas sobre tu espalda, los amaneceres que nunca nos cansamos de ver entre sábanas y sonrisas, y aquella risa que lleva años encendida en mi recuerdo.

Una semana, tres días, un año… qué importa el tiempo si contigo estoy.

Debo confesar que jamás pensé que habría tiempo para querernos de esta forma: sin reglas, sin límites, pero sobre todo sin lágrimas de por medio, sin besos con sabor a culpa.

Domingo de playa, ojos brillantes, sonrisa pícara, toneladas de alcohol y música que distraía. Si te soy sincera nunca pensé que serías importante. Amaneceres que lo fueron todo y el calor de tu cuerpo calentando el mío, como pidiendo permiso para entregar caricias. Soledades en conjunto, miedos que parecían perecederos. Una sonrisa eterna como diciendo quizá; de fondo “Pero Esta Tarde No Te Vas” y más que la certeza de saber que eres fugaz.

Vas y vienes, estás y  ya no estoy, me has visto en otros brazos, te he visto en otros ojos. Le hemos dado la espalda al destino. Tú, con ella, yo, con él. Tequila, cuarto trago, perdí la cuenta y estuviste aquí, en mi mente por ejemplo, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus labios color rosa. En él tan parecido a ti.

Más de una vez llegué a preguntarme si había algo en ella que te hiciera recordarme. Quizá sería al revés, quizá en mí la buscaste a ella, quizá siempre ha sido así. Pero hoy te veo sin tanta playa y con menos pecas. Ya sin pedir permiso, aquí sin culpa, tú sin ella, yo sin él. Con los mismos amaneceres que nunca nos cansamos de ver, con diferentes sábanas pero las mismas risas. Y sé que es aquí, justo donde quiero estar. A tu lado donde no pasa el tiempo, donde las puestas de sol no hacen falta, donde el segundero casi no sirve y tus latidos son mi mejor reloj.

Y la distancia no significará nada y los amaneceres seguirán siendo. Y ya no quiero darle la espalda al destino y no busco más reloj que tus latidos, cuando después de haber perdido la cuenta entre tus pecas, tus besos son el mejor remedio, para acabar con el tormento del destiempo y el amor, cuando te buscaba en otros labios y solo conseguía escuchar un “no eres tú,  yo” y es que siempre fue él, simplemente porque nunca fuiste tú.