-jugábamos-

Jugábamos; vos, la luna y yo.

Jugábamos a escondernos como sombras, en el callejón sin luces del anochecer más profundo, donde nuestros cuerpos se confundían con la noche, donde mi piel se fundía con la tuya. Donde mi amor y el tuyo, que era nuestro; chocaba, entraba e irrumpía en nuestra vida.

Jugábamos a enredarnos entre sábanas, a ver pasar los días por la ventana. A escuchar cantar el arrebol de la tarde, a rogarle a la luna que se quedara, a creer de nuevo en fantasías.

Jugábamos mientras yo aprendía de tatuajes, contemplando tu espalda cuando leías, mientras aprendías tú de mí, enumerando cicatrices escondidas. Y el sol nos sorprendió por la ventana llegando el nuevo día.

Jugábamos, a pretender que existía el tiempo, a parar el mundo con vos, a proteger ese amor que fue nuestro –que era nuestro-, a escondidas.

Jugaste vos creyendo que el juego era eterno, mientras la luna entonces, se tornaba menos luna y más vacía.

Y como juegan los niños, seguí jugando y como aclaman los niños dijiste –mía- y fui tuya, de momentos, fui tan tuya como fui mía.

Y de momento también seguí jugando, aunque esta noche entre sábanas, jugués con otra a llamarle mía.

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-la utopía de intentar describir lo inefable-

Alguien me preguntó qué es el amor, sonreí de manera inmediata pensando en tu recuerdo y a la vez tuve que contenerme para no dar como definición tu nombre, sin embargo, pensé en ti. Dije que el amor era inefable –como tú- que era tratar de buscar en el diccionario un montón de palabras que fueran útiles al describirle y fallar en el intento, que el amor es la utopía de poder describir al ser amado, porque en esa perfección del ser es –casi- imposible encontrar palabra alguna que le haga justicia –tampoco conjunto de ellas-. Y es que para mí el amor es eso, es mi intento diario por escribir el prodigio de tus ojos y el ocultismo que encierran tus labios al besarme y al no poder hacerlo, seguir intentando, una y otra vez.

La gente habla, critica y cuestiona el porqué de los hechos: por qué ahora; por qué no antes, por qué no siempre. Mientras sé que es ahora el momento, ahora cuando no quiero cambiarte, cuando puedo decir que te amo tal cual sin idealización, cuando sé que he crecido a tu lado. Es ahora cuando me preguntan el porqué de mi amor y las respuestas son todas y a la vez ninguna. Ahora que no hay forma de explicarlo, que simplemente lo sé.

Ahora que puedo afirmar que te amo con locura, sin razón, sin explicaciones ni inseguridades, ahora que le diste sentido a mi palabra favorita: serendipia; ahora que te amo porque eres, porque existes.

He aquí mi mejor intento de describir el amor sin escribir tu nombre, aunque el siguiente párrafo –como todos- hable solo de ti.

Porque para mí el amor es algo parecido al arrebol. Es crecer a tu lado y combinados formar algo fantástico. Es ser nuestras mejores versiones, es poder elegir todos los días algo diferente y continuar eligiéndote a ti. Es saber que la puerta está abierta y que sin ti no se cae el mundo, que sin ti yo puedo y sin embargo elijo no hacerlo, es elegir quedarme aun cuando las cosas se tornan difíciles –porque el amor no es para cobardes-.

Es mirar tus ojos y saber que no somos la última opción, sino siempre elección, que entre tanta gente te escojo siempre a ti. Que te prefiero una y otra vez por el simple hecho de que eres solo tú, amar es saber que disfrutas tu soledad y de vez en vez cuando eliges compartir la magia de tu ser con el mundo decides hacerlo conmigo. Y finalmente amor es no dejar que la seguridad de lo efímero nos impida disfrutar de lo etéreo.

Y la fiel convicción de saber que en esta definición el amor eres tú, pero también soy yo, porque si algo he aprendido a tu lado –del amor- es que amar es amarte siempre sin dejarme de amar ni una sola vez.

-jueves de muelle y sin miedo de perderte-

Querido Alguien

Ya hace mucho que no escribo cartas, pero no significa que hayan dejado de encantarme. Te escribo ésta porque sé que estando juntos las palabras no me alcanzan. Pero cómo hago, si cada vez que veo tus ojos el efecto es el mismo y las mismas se borran de mi mente, en el momento, las palabras sobran ante tu mirada y aquellas caricias que cada día vas sembrando en mí cuales huellas placenteras me cortejan todo el trayecto para hablarme de ti.

Sin embargo, este es mi idioma. Mi más grande regalo, mi mejor recuerdo y el esfuerzo de hallar las palabras pertinentes para describir nuestros momentos es solo con la intención de hacerlos indelebles.

El tiempo pasa rápido y supongo que cuando se ama las heridas también se van borrando, a eso dijiste, se le llama perdón. Debo confesar que creí que para nosotros era imposible y luego recordé que ese jueves en nuestro pretérito imperfecto no sería nuestro, pero lo fue.

Era jueves –no un viernes cualquiera donde solía esperarte- y aquel muelle que hace no tanto nos causó tanto miedo, parecía ser el paraíso y también el único lugar al que pertenecíamos. Lo suficientemente nuestro para no tener que ocultarnos, pero lo más importante, lo suficientemente nuestro para poder ser nosotros mismos.

Miré tus ojos y más que querer tener la combinación exacta de los colores que en ellos se encuentran, deseaba poder ponerlos en palabras, preguntaste por qué y recuerdo dije –es que la belleza se comparte- y tanta belleza sin duda hay que compartirla. Reíste y entendí la importancia de recordarnos las cosas lindas, importancia que hace tanto parecíamos haber olvidado, y no hablo solamente de aquellas notitas en el espejo, sino también de esas cartas ocultas, que leemos cuando el mundo parece  derrumbarse por completo.

Tomaste mi mano mientras jugábamos a que el tiempo era nuestro –o simplemente no existía- te sentaste justo en el borde de nuestro muelle, mientras tus pies danzaban en el agua, me apostaste a que podrías saltar conmigo y no pasaría nada –a tu lado el miedo no existe- sonreí y no entendiste, por eso quiero explicártelo ahora.

Mientras que tu miedo era el agua, mi miedo era perderte, ya lo había explicado antes, en aquel poema donde sentí te había perdido. La sonrisa se debe a que ahora entiendo que dejarte ir ya no forma parte de mis miedos y que perderte no es la connotación correcta si es por elección propia, asimismo lo que es para ti –siempre vuelve-

Mientras el sol se ponía me invitaste un tequila, y creo que no hay licor que traiga recuerdos tan ambiguos como este, las risas fueron imparables y era tan solo una propuesta y justo en ese preciso instante me di cuenta que el tiempo pasa y todo cambia, porque la última vez que estuve en aquel muelle, alguien dijo que había perdido mi sonrisa y puedo jurar que desvariaba, pero este jueves, estabas tú y estaba yo, mi mejor sonrisa, tu mirada más sincera y la libertad que jamás habíamos respirado de querernos en una piel sin apariencias.

Sé que de verme, mientras te miro quizá me causaría pena –por no decir que estoy segura- porque la sonrisa de enamorada y los ojos brillantes, hace rato, no son lo mío. Sin embargo después de besarte entiendo porque la gente dice –happiness taste like you do- Y es que besarte es poesía, amarte es vivir –te- mientras que tu mirada son galaxias enteras y yo me he perdido en cada una de ellas, para encontrarme, una y otra vez.

Y aquella frase que me hizo perderme en ti cada vez cobra más sentido y nuevamente no hay palabras existentes para describir la calidez de tus abrazos, la liberación que es tu amor,  ni la estela a felicidad que este deja.

Ahora es viernes y no espero más, mi sonrisa sigue intacta, no hay miedo al agua ni a perderte. No somos salvavidas ni nuestras vidas dependen de los pensamientos –o las acciones del otro- soy tan princesa que no necesito un castillo aéreo y las flores crecen solas en aquel jardín que decidimos plantar muy adentro nuestro. No hay culpa –no eres tú, ni soy yo-  o peor –alguien más- no hay listas interminables de nombres que nunca aprenderé, por el simple hecho de que no son el mío.

Solo hay libertades y felicidad, una puerta abierta para amarnos en el tiempo adecuado, sin destiempo. Sin culpas ni egos que alimentar, ni soledades que saciar tras la compañía de besos con ojos abiertos y a medio acabar. El mundo es nuestro, con la ropa puesta, y las estrellas siguen en el mismo lugar. Y esto es solo el intento de poner en palabras –toda la felicidad que somos- si algún día nos da por recordar.