-Estocolmo-

Han pasado tantos días que estoy segura, perdí la cuenta. Más de seiscientos ¿o podrían ser mil? Ya no cuento, aunque siga doliendo, duele menos. Mi mente tiene un extraño mecanismo de defensa que consiste en decir -si no lo recuerdas es como si no hubiera sucedido-

A veces funciona.

El último miércoles de diciembre en aquel lugar entré a la sala algo nerviosa, pensando que quizá no tendría nada más que decirle, que las pastillas habían estado haciendo efecto, que era nuestra última consulta, que quizá este si era el comienzo del final. Por alguna extraña razón estaba nerviosa por no tener nada que decir, aunque eso debía ser algo bueno, significaba que no había nada tóxico, nada que me atormentara a tal punto de valer el tiempo de una consulta.

Entré a la habitación, un poco más nerviosa que siempre, con aquella risa y ese movimiento ansioso que caracteriza mis manos cuando alguna sensación ajena a mí, no me deja en paz. Hablábamos de vicios, la vez pasada, un cigarro por acá, una copa por allá, el sentir muy profundamente, la nieve que caía tras tu ausencia, y de repente ahí, entre los escombros y los recuerdos, estabas tú.

La habitación se torna fría ante el recuerdo, me falta el aire, mi corazón late tan rápido que creo va a salirse de mi pecho, mi visión se nubla, comienzo a temblar ¿es la nieve? Pregunta alguien en el fondo, y tiritando respondo con monosílabos no…

es él.

Peligro.

Las siguientes preguntas me llevaron tan atrás que no podía diferenciar el amor de la lujuria, el miedo del placer, la obsesión de los gustos y la manipulación del querer.

-trauma-

Intento ignorar la palabra, pero Estocolmo sale a relucir y la verdad, no es un lugar donde quisiera quedarme.

Veinte cigarros después…

Todavía tiemblo

La inseguridad viene de mucho antes, el frio no se lo atribuyo ni al clima, ni a la estación.

Negro

¿dónde estás?

¿persona o lugar?

Apagué todo intentando encontrarme, incluso el sonido de la luz me molestaba. Sí, ya sé que casi no escuchás, pero la luz suena. Cierro los ojos y respiro, grito mi nombre tratando de buscarme, grito tratando de entender cómo fue que llegamos hasta ahí, grito tratando de buscar el comienzo, grito tratando de que alguien escuche, grito, grito, grito.

A la niña se le desgarra… la voz. Pero nadie escucha, aunque todos oyen.

Cada vez que alguien menciona su nombre tiemblo, aunque no recuerde, tiemblo.

¿por qué yo?

Llora, mientras la nieve borra las lágrimas, y hace tanto frio, que casi ni siento.

Abro el cuaderno y el olor es el mismo, las líneas tienen el mismo grueso, las hojas son del mismo color.

Es extraño comenzar a escribir y que no sea viernes. Recuerdo entonces aquel diario rosa, algo similar y aquella noche donde entre llantos destruía cada uno de mis sueños, y tus recuerdos, cada uno de mis miedos, como si destruyendo aquel papel se borraría esta historia, como si la cicatriz se hiciera de tinta y no indeleble.

-love is supposed to be soft-

Anuncios
Publicado en: arte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s