-catarsis- 

¿somos monstruos, bestias o personas demasiado dolidas? ¿somos el dolor punzante que nos hace actuar? o ¿somos la corazonada que nos dice que no? ¿somos quien está detrás de la daga o a quien la daga atraviesa? 

somos los dos y podemos vivir con eso, sigo repitiéndome, mientras busco este perdón dentro de mí que no sé siquiera qué significa. jamás supe si le amé, a él. pero si sé que amé otras cosas que junto a él había creado, construido. cosas que destruí, por decisión propia, cosas que me acompañarían hasta el último de sus besos, cosas que quise callar con mi último aliento. 

pero ¿verdaderamente pueden callarse? ¿verdaderamente podemos jugar a ser Dios, si es que tal cosa existe, y callar algunos latidos? o esos latidos vivirán dentro nuestro más allá de nuestro último aliento. nuestro suena absurdo, lo sé. 

pasa el tiempo, pasamos nosotros pero… 

¿pasa esto?
cuán lejos debemos estar de nosotros mismos 

cuánto más vamos a cargar esta cruz 

¿en algún momento dejamos de cargarla? 
trato de repetirme que no es mi culpa, pero la verdad, no soy capaz de creerlo. 
y soy entonces prisionera de esta cárcel que yo misma me encargué de construir. 
tiempos de luna, mi luna, cuanto tardas en sanarnos. 
entonces, cuándo dejaré de buscar en mí, en él, en otros, cuando ni siquiera sé qué estoy buscando. cuando al parar de buscar solo encuentro este dolor terrible, con apellidos, sin sexo, sin nombre. 
¿cómo se olvida lo que no puede ser nombrado? lo que no tiene nombre. 
¿las cosas existen cuando las nombramos o cuando las sentimos? idealizar entonces, no estar segura ni siquiera de lo que se siente. 
y solo sé, que en días como hoy, no quiero idealizar, no quiero sentir. 
caja de música que calma; por favor, te pido que no suenes más dentro de mi. 

no sueñes más dentro de mi.

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-desde lejos-

no sé cómo extrañarle desde lejos siento este vacío en el pecho cada vez que alguien dice su nombre y a la vez le siento cerca cada vez que algo me recuerda a él, a su voz, a su piel o el calor de sus manos.

calor que extraño sin duda, mientras escribo esto. mientras las mías se congelan en el intento de evocarle, de recordarle, de no olvidarlo.

no sé cómo extrañarle cuando le siento libre. cuando siento que aunque la vida pase, estaré siempre en el mismo lugar donde me dejé. en el sonido dulce de su voz cuando dice mi nombre, en aquel abrazo antes de partir, en los cigarros que compartiremos, en todo lo que nos falta por compartir. en las memorias que sin duda anhelo contarle. supongo, en el porvenir.

-volver-

volví volví a ser yo y como duele volver. 

como duele encontrarse con aquello que dejamos hace tanto atrás, precisamente por eso, porque dolía. 

como me duele el miedo de todo aquello que fui, de las cartas del baúl que guardo de vos, de la canción que te dediqué y luego no quise escuchar más. 

volver 

volver a encontrarme con esa sonrisa y esas ganas de hablar con alguien más. 

volver a encontrarme con el miedo de aferrarme a algo que no seas vos. 

irónico es que el miedo haga que las sonrisas duelan

más irónico aún que temo más de mí que de vos. 

y vuelvo a sonreír también

vuelvo a pintar rostros aunque no sea el tuyo 

vuelvo a escuchar la melodía que no salía de mi mente cada vez que alguien me preguntaba qué era el amor

vuelvo a la incertidumbre placentera de no saber si estoy cayendo 

vuelvo a escribir con este nudo en la garganta 

este reír para no llorar 

este llorar pero solo riendo

vuelvo a mi 

y qué extraño es volver a donde no se estuvo durante mucho tiempo 

vuelvo al lugar donde una vez amé la vida 

alguna vez la amé, lo sé. 

vuelvo a escribir cuando le pienso

vuelvo a dibujar su nombre tácito entre versos que solo yo entiendo 

entre sonetos escritos por besos 

vuelvo 

a esos ojos, a ese lugar que ahora es él y no vos. 

vuelvo 

a mí.