-poesía-

corrí, al verte llegar, mojé mi vestido. Poco importó.

corrí sintiendo que más nunca volvía a verte, que se acababa el perfume de tus recuerdos, que cada vez tu boca estaba más distante, tus besos más amargos, que los te amo ya ni siquiera querían decir lo siento. Corrí, como buscándote, queriendo alcanzarte, pero… ya era tarde, llegué tarde y vos, ya estabas muy lejos.

Sonreíste, y pude verte. Pude ver esa sonrisa que era tuya y también mía, tus ojos que se iluminaban desde lejos, y a su vez, toda la poesía que los mismos delataban -o relataban- cómo escribo poesía sin hablar de tus ojos, me pregunté. Dudando…

Sin saber siquiera si eso existe.

Tus ojos, entre tantas cosas, solo eso me pesa. Tus ojos llenos de historias, de lágrimas, de vida, de a-Dios.

Sigo despidiéndome, diciendo adiós cuando te veo, sosteniendo en una palabra -la última-
-Esta vez sí-

me digo a mí misma cada noche que te encuentro. Hasta en los sueños.

El oráculo ya no habla, la estupidez es incurable para quien se sabe estúpido, escuché decirle.

Te contemplo desde lejos, tu sonrisa que hoy vacila, tu perfume desde mi almohada que saluda y me acaricia, que me dice: me haces falta y que anuncia, como siempre. Una cuenta regresiva.

Tiempos de luna, los que paso, sin tus besos, tiempos de luna sin tus ojos; vida mía.

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