-cuando llegue a Marte- 

cuando no nos quede nada, nada por sentir y quizá nada por olvidar. Cuando la palabra eventualmente se borre de nuestra memoria y nuestra lengua no sepa sincronizarse con nuestros labios para pronunciarla, ese mismo día te volveré a amar.

Volveré a amar tus manos, siempre firmes, siempre fuertes, aquellas manos que fueron testigo de tantas hazañas y despedidas, de aquellas noches de desvelo, de lujuria y a su vez manos suicidas.

cuando se borre de mi mente el color de tus ojos, color cielo, el caleidoscopio que formaban tus pupilas al verme y nuestras incontables noches de hadas, magia y vino. Cuando la magia deje de ser blanca y sus rastros desaparezcan de mi vida. Cuando despierte y pueda explicar los morados de mi cuerpo, cuando dejen de tener nombre -tu nombre-

cuando la única certeza que nos quede sea la duda de nuestros disfraces, cuando te llame mío sabiendo a qué juego, sin tener que preguntar-te a qué jugás vos…

Cuando cese el viento, cuando aprenda a amarme, cuando llegue a Marte y no a Plutón. Cuando la luna deje de ponerse, cuando la niña de la falda y el listón ya no baile a lo loco.

Cuando ya no me pierda más.

Quizá

Ese día

Vuelva a Marte

O te comience a amar.

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