-todos los caminos llevan a nuestro amor-

-solo quienes son verdaderamente valientes se atreven a esperar el tiempo adecuado para mostrar su amor-

Jamás entendí esa frase hasta que te conocí, pensé que el amor no dependía del tiempo, que se vivía y se sentía sin pensar en nadie más, que el egoísmo no era penado si se trataba de él. Y llegaste tú con tu amor a destiempo, con tu sonrisa de medio lado y aquellos ojos tristes que brillaban más que la luna llena que nos presentó nuestro último baile, y en ese preciso instante, cuando el tiempo parecía ser lo único que se oponía a nuestro amor, entendí aquella frase. Y me quedé, me quedé –cuando no debía- para luchar por este amor.

Debo admitir que casi me rindo, aquella noche cuando perdí la cuenta de cuántas veces pensé que estábamos destinados a no –ser- pensé que era tiempo de abandonar la batalla, aunque en mi desesperanza seguí esperando, con las esperanzas en lo más bajo, con la sensación de que el amor no era posible para nosotros dos.

-y es que nuestro amor es perfecto pero completamente a destiempo- dijiste.

Perfectamente a destiempo respondí -con una mirada- porque solo podíamos vivirlo de esa manera, con sonrisas y miradas. También ahí descubrí que no podía quedarme con la duda de cómo sería si pudiéramos ser más que eso. Es que la única persona capaz de decodificar el criptex de mí ser eras tú.

Entonces le ganamos la carrera al tiempo (al fin) y aquí estás tú y estoy yo. Tú que aunque no eres mi mundo sabes muy bien como detenerlo con tan solo pronunciar mi nombre. Tú que con cada beso me llevas a lugares que no sabía que existían. Tú que me haces volver a creer en la magia del amor y como puede hacer girar al mundo. Tú que eres tocar el cielo con los pies en la tierra.

Que tienes ese “je ne sais quoi” que mi mirada en segundos captura. Tú que me has enseñado a creer en mi misma. Que haces que mi sonrisa sea verdadera.

Y ahora me quedo, me quedo –por ahora- y estoy segura de que –por ahora- puede significar para toda mi vida. Me quedo por ti y por mí –por nosotros ahora que podemos decirlo en alto- luchando contra todo tipo de destiempo. Porque no hay otro amor –como el tuyo- que me haya enseñado a prender las luces de adentro, a luchar contra la oscuridad y a apagar todas las voces innecesarias. Porque de todos los sonidos del mundo yo solo escucho tu voz –en todas partes-

Y es que siempre has sido tú. Porque contigo voy al fin del mundo, devolviéndome victoriosa si en estás tú. Porque no quiero amores cobardes, porque para mí el arrebol ya no es suficiente para describir la magia que creamos y ni siquiera una aurora boreal se asemeja. Porque para mí nuestro amor es el fenómeno más hermoso y sí comprobé mi teoría se lleva –todo lo malo- a su paso. Y al escucharte tengo la certeza de que contigo quiero estar.

Y sí, entendí la frase. Y estoy dispuesta a esperarte siglo y medio. A pelear con el tiempo, con los miedos y más, y aunque nuestros caminos insistan en no cruzarse, nuestro amor es Roma y todos los caminos llegan a él. Y en mi intento de buscar una palabra para describirle (porque sabes que siempre estoy buscando la palabra correcta) encontré la felicidad.

Voy paso a paso disfrutándote, con la satisfacción de que ahora es el momento exacto. Ahora cuando podemos parar de escondernos. Y debo confesar que nunca había estado tan feliz de no encontrar las palabras para describir lo que a tu lado estoy viviendo.

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