-querida tú-

Sabes, ha pasado tanto tiempo que ya no sé cómo escribirte –mucho menos una carta- pero aquí voy, porque sabes que siempre lo intento.

Te he estado observando, aunque sabes que siempre lo hago, detallando minuciosamente todas tus mañas, la manera tan peculiar de caminar e incluso esa forma tan graciosa de colocarte tus lentes. También ese momento donde piensas que nadie te está viendo y cantas –como siempre- como si nadie lo hiciera. Y en ese preciso instante juro que soy feliz. Feliz de verte ser –de nuevo tú-.

Quizá podrás pensar ¿Cómo podría ser yo? Si la mayor parte del tiempo he sido otra persona. Pero muy adentro sabemos que eres quien consigue la felicidad en cada detalle. Quien aun estando triste te sacará alguna risa. Esa persona que jamás se rinde con alguien y cuando digo alguien también te incluyo. Y es que a ti te conozco por iluminar el mundo con tu sonrisa y porque jamás dejaste de luchar. 

-harás grandes cosas- siempre lo he dicho, aunque sea tan difícil de creer. Aunque cada idea pueda parecer estar demasiado lejos de la realidad. Y aunque tantas otras veces te cueste confiar en ti. 

Ahora, después de tanto tiempo. Cuando siento que jamás te había escrito una carta, cuando las palabras casi salen desordenadas pero no encuentro hacerlas parecer muy lindas. Cuando te has superado. Cuando ahora solo escuchas el sonido de una sola voz -la tuya- cuando ya no juegas con castillos ni princesas. Y cuando no hace falta más que tu risa como droga para hacer que el sol salga en las mañanas. Quiero decirte lo que quizá nunca he dicho. 

Estoy orgullosa de ti. Tan orgullosa cómo podría sentirse una madre al ver realizado los sueños de un hijo. Como aquel ser que ama que ve como vuelan del nido. Orgullosa como cuando el mundo deja su ego y empieza a amar. Orgullosa como no lo había estado jamás. Y quizá pensaras que cómo nunca. 

Sigo observándote detalladamente y sonrío. Sonrío cuando sonríes disfrutando de la vida. Sonrío cuando cantas aun cuando te están viendo. Sonrío cuando te miran y el mundo se detiene por más de un segundo. Sonrío y te observo, feliz, radiante. Con esos cabellos que han sido los culpables de tanta locura. Con esos ojos que cada día parecieran estar más abiertos. Y con esa manera tan particular de bailar donde la magia pareciera estar en tus caderas. Incluso la manera en la cual prendes el cigarro y fumas como si la vida no se te estuviera yendo en ello. 

Ahora cada noche que pasa sin escuchar una lagrima recuerdo, que así era todo antes de que aquella tormenta -que casi fue eterna- iniciara. Y te observo en tus sueños, radiante, y observo tus muñecas con aquellas cicatrices casi inherentes. Con la respiración pausada y fresca y ningún rastro de llanto de la noche anterior. 

Te miro y sé que esto eres tú. La transición entre el otoño y la primavera. Ese clima que tanto nos encanta. La naturaleza de que las hojas caigan para que luego vuelvan a renacer. El fénix que siempre se levanta. Tu sonrisa que no para aunque la tormenta insista en volver. Y esa fuerza tan tuya que ha hecho que el mundo se detenga de rodillas a tus pies. 

Sé que nunca te había escrito algo pero después de tanto -y no precisamente tiempo- te lo mereces. Te mereces confeti, poesía y arcoíris. Te mereces el cielo de la manera que te guste. Sonrisas por doquier, una radio con canciones de tu agrado. Te mereces el mundo y quizá más. Porque cada vez que tu alma sonríe para mí es imposible no alegrarme por estar de vuelta en casa. Por amarte cada día más. 

Me despido, pero no para siempre, porque te seguiré observando. Y cada vez que te mire al espejo, en cada noche que pasemos sin dormir. Espero poder leerte y recordarte lo orgullosa que estoy hoy de ti. 

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-la realidad que supera toda nuestra imaginación-

Toda mi vida estuve dormida. Viviendo este sueño que era mi realidad, un sueño que me vendaba los ojos de cosas –no tan lindas- un sueño que no permitía apreciar la felicidad que hay en cada cosa.

Dicen que la vida no es un sueño, que los sueños son mucho mejor. Pero no concuerdo con esto, después de estar tanto tiempo dormida, te das cuenta que la realidad no tiene comparación alguna con todo eso que tu mente pueda llegarse a imaginar –o incluso crear-.

Abro los ojos por primera vez, después de tanto tiempo –estoy despierta- digo, despierta y segura de que lo estoy. Y me siento como ese niño que abre sus ojos por primera vez sin saber a dónde mirar porque está maravillado con la belleza que lo rodea, la intensidad de sus colores, el resplandor de la luz, el sonido de nuestra propia voz, la voz de alguien más…

Y por primera vez, después de tanto tiempo, entiendo. Entiendo como la vida no es mala –aunque un día pueda serlo- como el mundo es precioso y como hay magia en cada uno de nosotros, hay magia en esos seres que se cruzan en tu camino para mostrarte aunque sea el sonido de su voz –y es que todos tienen algo que enseñarte- hay magia en el movimiento de los árboles, cuando danzan coqueteándole al viento.

Observo atentamente y lo intento, intento no perderme entre tanta magia, y fallo. Te observo a ti y tu rostro casi de porcelana, tus ojos brillantes pero tristes, tu sonrisa de medio lado –más que perfecta- tu cabello negro –muy negro- tu nariz tan peculiar y esos labios –que han sido tantas veces mi muerte y mi resurrección- de un rosado completamente perfecto.

-hay magia en ti, y en mi- me dices –hay magia en los dos- repito y tengo la certeza de que es cierto. Estoy segura de que hay magia en los dos –y en cada uno de nosotros-

Abro los ojos nuevamente y soy esa niña que cree en la magia, las hadas y princesas, que sabe que la naturaleza esconde un secreto, mucho más hermoso de lo que nuestra mente pueda imaginar. Que está segura que entre tanta gente en el mundo, debe haber ese alguien para cada cual. Y creo también en nuestro amor, en nuestro amor que puede ser efímero –pero siempre inefable- que ante el tiempo se opuso de manera posible. Nuestro amor que con la imperfección de su ser logró descifrar el momento exacto, después de integrar las lecciones indicadas.

Nuestro amor, que danza como los arboles coqueteándole no solo al viento. Sino a nosotros y también al tiempo. Seduciéndolo, tentándonos. Un amor capaz de romper patrones, de quitar vendas. Un amor capaz de mostrar que en cada cosa que nos rodea existe la felicidad.

Ese amor que me ha hecho creer –de nuevo- en la magia.

Es domingo y suelo bailar, con faldas y a lo loco, sin la necesidad de droga alguna que abra mis ojos –porque jamás lograrán abrirlos más- con las pupilas dilatas de tanto deleite. Mirando tus pupilas –dilatadas- que me dicen la verdad.

Ya no necesito buscarte entre la gente, aunque esté demás decir que para mí solo existes tú. Y envolviéndome en tus brazos, con tanta magia alrededor, me has pedido un poema. Te miro y sonrío, sabiendo que son más de dos.

Hay magia en el mundo, estoy segura. Tan segura como que no todas las aves vuelan y que el nombre que llevo puesto ha sido a voluntad de mi madre. Tan segura como que estos dedos que luchan e intentan por describir lo inefable, jamás serán tan agiles como mis ojos capaces de captarlo todo. Tan segura como de que te amo, hasta las estrellas –aunque no sepa donde queden-.

Sonrío, como a tu lado siempre lo he hecho, y en este poema –que espero sea demasiado obvio- quiero confesarte, que la felicidad en mis letras siempre has sido tú. Y que más que un poema mis tormentas están llenas de palabras que solo tú has sabido sembrar en ellas.

-todos los caminos llevan a nuestro amor-

-solo quienes son verdaderamente valientes se atreven a esperar el tiempo adecuado para mostrar su amor-

Jamás entendí esa frase hasta que te conocí, pensé que el amor no dependía del tiempo, que se vivía y se sentía sin pensar en nadie más, que el egoísmo no era penado si se trataba de él. Y llegaste tú con tu amor a destiempo, con tu sonrisa de medio lado y aquellos ojos tristes que brillaban más que la luna llena que nos presentó nuestro último baile, y en ese preciso instante, cuando el tiempo parecía ser lo único que se oponía a nuestro amor, entendí aquella frase. Y me quedé, me quedé –cuando no debía- para luchar por este amor.

Debo admitir que casi me rindo, aquella noche cuando perdí la cuenta de cuántas veces pensé que estábamos destinados a no –ser- pensé que era tiempo de abandonar la batalla, aunque en mi desesperanza seguí esperando, con las esperanzas en lo más bajo, con la sensación de que el amor no era posible para nosotros dos.

-y es que nuestro amor es perfecto pero completamente a destiempo- dijiste.

Perfectamente a destiempo respondí -con una mirada- porque solo podíamos vivirlo de esa manera, con sonrisas y miradas. También ahí descubrí que no podía quedarme con la duda de cómo sería si pudiéramos ser más que eso. Es que la única persona capaz de decodificar el criptex de mí ser eras tú.

Entonces le ganamos la carrera al tiempo (al fin) y aquí estás tú y estoy yo. Tú que aunque no eres mi mundo sabes muy bien como detenerlo con tan solo pronunciar mi nombre. Tú que con cada beso me llevas a lugares que no sabía que existían. Tú que me haces volver a creer en la magia del amor y como puede hacer girar al mundo. Tú que eres tocar el cielo con los pies en la tierra.

Que tienes ese “je ne sais quoi” que mi mirada en segundos captura. Tú que me has enseñado a creer en mi misma. Que haces que mi sonrisa sea verdadera.

Y ahora me quedo, me quedo –por ahora- y estoy segura de que –por ahora- puede significar para toda mi vida. Me quedo por ti y por mí –por nosotros ahora que podemos decirlo en alto- luchando contra todo tipo de destiempo. Porque no hay otro amor –como el tuyo- que me haya enseñado a prender las luces de adentro, a luchar contra la oscuridad y a apagar todas las voces innecesarias. Porque de todos los sonidos del mundo yo solo escucho tu voz –en todas partes-

Y es que siempre has sido tú. Porque contigo voy al fin del mundo, devolviéndome victoriosa si en estás tú. Porque no quiero amores cobardes, porque para mí el arrebol ya no es suficiente para describir la magia que creamos y ni siquiera una aurora boreal se asemeja. Porque para mí nuestro amor es el fenómeno más hermoso y sí comprobé mi teoría se lleva –todo lo malo- a su paso. Y al escucharte tengo la certeza de que contigo quiero estar.

Y sí, entendí la frase. Y estoy dispuesta a esperarte siglo y medio. A pelear con el tiempo, con los miedos y más, y aunque nuestros caminos insistan en no cruzarse, nuestro amor es Roma y todos los caminos llegan a él. Y en mi intento de buscar una palabra para describirle (porque sabes que siempre estoy buscando la palabra correcta) encontré la felicidad.

Voy paso a paso disfrutándote, con la satisfacción de que ahora es el momento exacto. Ahora cuando podemos parar de escondernos. Y debo confesar que nunca había estado tan feliz de no encontrar las palabras para describir lo que a tu lado estoy viviendo.