-te prometo un ahora-

Había una vez una noche, no tan lejana ni tan imperfecta, las voces de la misma acompañaban al viento, con la luz de una luna que casi se llenaba, que casi era perfecta. –Casi- dijiste, qué palabra tan vil cuando le falta tan poco que ni se nota. Sonreí porque es inevitable no sonreír ante tus susurros, sobre todo si me susurras sobre la luna.

Te conté lo que pedían las voces del viento, y como solía responderles recitándole un poema cada cigarro. Te reíste y me dijiste –desvarías- pero muy dentro sabias que hablaba en serio, lo confirmaste cuando te pedí esa noche que bailáramos bajo la luz de esa luna –casi perfecta-.

Mientras bailamos, preguntaste si temía al olvido, te expliqué que era algo inevitable. Tan inevitable como que mi mundo se detuviera cada vez que pronunciaban tu nombre, o como que yo escriba sobre ti y nadie nunca pueda olvidarte. Pero más allá de que sea algo inevitable, no le temo, porque sé, que en ocasiones –varias- el olvido es el precio que debemos pagar por vivir momentos tan mágicos como este.

Me abrazaste como si acabara el mundo, y en ese instante me quedé. Ya conozco esos abrazos; cálidos, diferentes y con una esencia muy tácita de miedo a perderle. Y me quedé ahí, grabando tu aroma en mi mente, la calidez de tus abrazos, buscando palabras con las cuales describirlos, sabiendo que sería imposible, divagando en mis pensamientos, intentando dibujar tu rostro, con aquel montón de palabras que todavía, no le hacen justicia.

-sé que no puedes prometerme un para siempre-

Lo dijiste como leyendo mis pensamientos, y aquella frase quedó suspendida en el momento, estaba demasiado concentrada en grabarte en mi memoria, en saberte con el corazón.

Seguimos bailando bajo la luz de aquella luna que cada vez se hacía más llena y más perfecta, pasaron días en una sola noche y después de tanto respondí –no puedo, ni quiero- sin embargo quiero un prometerte un ahora.

Ahora donde he elegido fusionar la magia de mi ser con el tuyo, ahora donde sé cómo compartirme, ahora donde sé que soy pedacitos tuyos –y tú pedacitos míos- ahora donde puedo mostrarme justo como soy, donde bailo descalza bajo la luz de la luna, escuchando las voces del viento, ahora donde vuelvo a ser esa niña loca, que encuentra felicidad en todas las pequeñas cosas, ahora donde vuelvo a ser yo.

Y esa noche –y las siguientes- bajo esa luna más que perfecta, fuimos fuego intenso, un fuego que nunca dejo de arder y una luz que jamás dejo de brillar, y ahora –donde te sigo prometiendo- sé que el olvido no es nada más que inevitable, pero algo que a nosotros nunca nos pasará, porque aquellas noches se quedaran plasmadas en estas letras –para siempre-, letras que nunca quiero olvidar.

Y sigo buscando las palabras para describir lo mágico que ha sido perderme una y otra vez en ti, y en todas esas pérdidas encontrarme cada día más feliz.

-en la medida de lo posible, mientras dure, siempre he de prometer un ahora-

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