-las estrellas y el olvido-

Creo que el olvido es una de mis más grandes incongruencias. Puedo mirar las estrellas y encontrar en cada una de ellas el olvido del que hablaba el principito al no recordar sus números y mucho menos sus nombres. También puedo apoyar mi carta favorita al decir que (dur)ante el amor el olvido es lo más grave “porque entre otras cosas no existe” y es que claro, es fatal… pero cuando acaba (como todo) es necesario y entonces estás ahí, cada noche, mirando las estrellas con un nombre entre tus labios. Rogándole al universo que te conceda el olvido. Y justo en ese momento, el olvido no parece ser tan fatal ni inexistente.

Sé que no hay cigarros que cuenten más historias que aquellas cuatro paredes pintadas de blanco que solían ser nuestras confidentes. Sin embargo la caja sigue ahí y seguimos mintiendo aunque sabemos que mi color preferido es el lila. Y mientras el amor se vuelve lujuria –y viceversa- la misma se enferma de odio y en cada respiro entrecortado mientras jadeas puedo escuchar tu plegaria muda donde la única petición es que pare el dolor. Siento en cada parte viva de mi cuerpo tu voz llamándome, mientras sé que mi nombre se desvanece en tu mente y otros labios, mientras tanto mis huellas en tu corazón están ardiendo, como duele cuando arde si el fuego no es precisamente amor.

Ya casi no recuerdo y supongo que agradezco, pues he olvidado conversaciones enteras, discursos completos. Las voces que me atormentaban se han ido y de a poco la culpa es menor. Tus ojos se han vuelto un par más cualquiera, mientras los míos cada día son el paraíso oculto de alguien más. Yo.

Jamás pensé que llegaría tan lejos soltando, aunque ciertamente era ilógico pensar que con tanto equipaje se pudiera llegar lejos –o algún lado- andando sola. Debo confesar que no sé muy bien a donde voy, pero eso no significa que no disfrute el camino y ante cada obstáculo hoy sonrío…

Creo que me han vuelto a gustar las rosas aunque ya nunca serán de él. Y siento que siempre amaré las estrellas aunque mirarlas signifique pensarnos y pensarnos signifique olvidarte. Y es que aquella constelación, cuyo nombre por supuesto no recuerdo, siempre traerá soplos de olvido con olor a nosotros –y vaya usted a saber cómo huele eso-. Cuando descubres que algo es inevitable ante la resignación debes decidir si perder el orgullo o el miedo. Aunque creo que perder ambas nos vendría bien.

¿Recuerdas cuando te decía que ojalá pudieras verte como te veía? Cabe acotar que para el momento te amaba.

Bueno he logrado hacerlo, he logrado verme como quien nos ama: con más virtudes que imperfecciones. Tenías razón, las sonrisas sinceras son capaces de iluminar una ciudad entera y aquellos ojos –casi negros- e indescifrables se han sumergido en un mar muy profundo, con el solo propósito de encontrarse. A veces creo que han parado de buscarse porque cada día logro descifrarlos un tanto más.

Y supongo que fue lindo elegir el ruido de tu mundo cuando no quise escuchar mi silencio, pero no hay droga más atrayente que la elección de la felicidad, mientras aquellas estrellas que un día compartimos nos susurran con un soplo de aquel don llamado olvido, durante el largo camino necesario de la soledad, cuando decidimos apagar las luces del mundo y escuchar –incluso nuestros silencios- para aprendernos a amar.

“(…) I believe in being strong when everything seems to be going wrong. I believe that happy girls are the prettiest girls. I believe that tomorrow is another day and I believe in miracles.”
― Audrey Hepburn

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