-Daddy’s little girl-

Durante años he escuchado que todo es efímero, pero lo cuestiono porque tengo la certeza de que algunas cosas son eternas. Todos partimos, dicen, pero a la vez, siempre nos quedamos y todo pasa –fiel partidaria de esto– aunque algunas cosas siempre nos acompañen. Es irrefutable que como nosotros, todo, es una colección de paradojas.

Ya casi no recuerdo, aunque me aferre ciertas cosas se han ido y debo confesar que tengo miedo. Sí, lo sé, suena irónico ya que hace no tanto hubiera dado cualquier cosa por borrar todos y cada uno de mis recuerdos. Lo cierto es que siento casi el mismo miedo que sentí aquella madrugada de febrero cuando supe que no volvería a saber de ti. Desde entonces te busqué, te busqué en cada rincón, desde aquel agosto lluvioso, de la manera más equivoca, pero te busqué y en ocasiones tiendo a pensar que quizá siempre he de buscarte, porque siempre me has faltado.

Cierro los ojos por un momento y estás tú, eso es lo increíble de la mente. Tú y tu voz tan segura, tus manos firmes y hermosas –las más hermosas con las que me he topado- y el calor de tu pecho, el único calor que reconozco como hogar. “Home is such a cozy place” y vuelve el miedo cuando en ese preciso instante en que estoy tratando de buscar tu mirada, no puedo recordar tus ojos, y sé que no debo hacerlo a través de aquel frasco lleno de pastillas que hoy me esconden.

Me despierto y ya no estás. He luchado, lo juro, luché contra la vida para salvarte, he luchado desde entonces para que te quedes o simplemente para verte una sola vez, pero te has ido y entre lágrimas y gritos entiendo que era tu tiempo y esta soy solo yo sintiendo, todo lo que reprimí en aquel entonces. Y aunque a veces me olvide como solías ser, te extraño.

Te extraño en el olor de las rosas, en realidad en casi cualquier flor, en las competencias de cálculo, entre la velocidad y el tiempo, estás tú, distancia… y te extraño en cada abrazo, cada canción que hable de ti, cada cigarro, cada persona, cada momento, aun siendo feliz lo hago. Y me ha costado como jamás pensé que costaría perdonarle al mundo tu partida y perdonarme no haberte sabido perdonar cuando aún había tiempo. Y entre otra de las certezas sé que el tiempo nunca será suficiente.

Y por eso te espero, te espero más que en sueños, en mi soledad. Te espero en el cigarro de las doce junto con un poema y aquella canción que solías cantar. Te espero en cada lágrima dedicada a un hombre quizá parecido a ti. Te espero en cada pelea donde ya no puedo recurrir a tu llamada.Y aunque sé que estás dentro de mí, ya no sé si siempre estás.

Todo es efímero, la vida por ejemplo que a su vez es tan eterna e imprecisa como aquel recuerdo que sembramos en los corazones de nuestros seres queridos. Tu recuerdo en el mío, por nombrar alguno. Todos partimos, con la muerte o eso dicen, y a la vez nos quedamos para siempre como tú te quedas no solo en mis recuerdos sino en cada glóbulo de mi sangre. Todo pasa comentan pero los dos sabemos que tu pedacito de cielo siempre me acompaña.

Pero mientras tanto, puedes estar tranquilo que todavía no soy tan princesa para que me lleves a tu castillo –estoy bien-

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