-constelaciones de sonrisas-

Pasé años buscándote sin saber que siempre estuviste, sí, te busqué, en los lugares equivocados quizá, en sus lunares color tierra, en sus vasos a medio acabar, y aunque no lo creas te busqué. Sin saber que eran tus pecas las que simulaban constelaciones cuando se juntaban con los hoyuelos de mi sonrisa y hoy te vi, nos vi. En medio de la multitud, entre tanto ruido, con la ropa puesta y noches enteras sin soñar, con una caja de cigarros que de tan solo pensarte me queda media y que de nombrarte ya se ha encendido.
Te vi y lo recuerdo como si fuera la primera vez, con tu jean color azul, casi como cualquier otro pero solo tuyo y aquella franela negra algo vieja que usabas incluso debajo de tu camisa más formal porque decías te traía suerte al cantar. En aquel bar el tiempo no había pasado y escuchar tu voz como soundtrack de mis penas y aquella noche fue la sensación más increíble que alguien como yo pudo haber vivido. Quisiera poder describirlo con palabras pero solo quien haya escuchado tu voz en aquel lugar puede entender lo que estoy diciendo.
Sé que nunca he sido buena escribiendo cosas felices pero por ti, por ti hoy hago el intento. Lo intento con la mejor de mis ganas y mi más bonita letra, incluso legible, sin perderse mucho en pensamientos para que puedas entenderla. Porque tú, tú me recuerdas todo lo bonito de la vida, de mi vida cuando estás en ella. Tú, tú eres la luz de mis recuerdos y hablar de ti es pedirte que esta noche sea eterna y que al finalizar le des descanso a mi sonrisa que sabemos que mañana seguirá brillando por ti.
Volviste a aquel bar como buscando-me/nos/te como preguntando con la mirada si seguía escribiendo poemas para ese niño que solo aceptaba mi sonrisa si venia después de quitarme la ropa, mientras que tú nunca necesitaste desvestirme para desnudarme, tú simplemente me desbloqueabas con aquella sonrisa. Te mostré mi diario y sonreíste, las páginas estaban en blanco, sabias que este era un nuevo capítulo, no sabias que a veces escribo desde la última página y que esa tenía tu nombre. Comenzaste a hablarme de tu música, tus padres, el perro que nunca tuvimos y tus clases de francés sin acabar. Yo escuchaba deleitada y cuando llegó mi turno tararee en tu oído lo que recordaba de aquella canción que siempre habló de ti y sonreíste.
Pasadas las veintitrés dijiste que era tarde y debías irte, tus ojos recorrían mis labios tratando de adivinar si mi adiós era un hasta luego o un adiós definitivo y te fuiste. Al llegar a casa tomé aquel cuaderno que nunca habló de él y te escribí esto esperando que al leerlo te des cuenta que sí… que es hasta luego, hasta siempre, que te encontré, que voy contigo, que mi sonrisa no para de gritar tu nombre y este poema lleva tus iniciales escondidas en el, que todas las tachaduras son lindas porque hablan de ti y que te estuve buscando, que espero que no sea tarde porque hoy te he visto y te he encontrado. Porque en aquel beso que no fue supe que eras tú.
Porque por ti vuelvo a aquel bar, escribo legible y bonito, con tu canción en repeat y la vida, la vida me habla lindo, porque a tu lado sé, que no necesito más que una sonrisa y que tus pecas son el camino que a su lado llevan al cielo. Que no debo temer, que si sonrío no voy a perderle y que si te beso no me engañas. Porque a tu lado sé que soy yo y no alguien más, porque por ti veo lo más importante, sé cuando llorando de la risa no puedo más que a tu lado yo soy.
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-sábanas, risas y verano-

Aún recuerdo tu sabor a playa, las largas noches sin dormir, el único verano que supo a historia de amor. Las incontables pecas sobre tu espalda, los amaneceres que nunca nos cansamos de ver entre sábanas y sonrisas, y aquella risa que lleva años encendida en mi recuerdo.

Una semana, tres días, un año… qué importa el tiempo si contigo estoy.

Debo confesar que jamás pensé que habría tiempo para querernos de esta forma: sin reglas, sin límites, pero sobre todo sin lágrimas de por medio, sin besos con sabor a culpa.

Domingo de playa, ojos brillantes, sonrisa pícara, toneladas de alcohol y música que distraía. Si te soy sincera nunca pensé que serías importante. Amaneceres que lo fueron todo y el calor de tu cuerpo calentando el mío, como pidiendo permiso para entregar caricias. Soledades en conjunto, miedos que parecían perecederos. Una sonrisa eterna como diciendo quizá; de fondo “Pero Esta Tarde No Te Vas” y más que la certeza de saber que eres fugaz.

Vas y vienes, estás y  ya no estoy, me has visto en otros brazos, te he visto en otros ojos. Le hemos dado la espalda al destino. Tú, con ella, yo, con él. Tequila, cuarto trago, perdí la cuenta y estuviste aquí, en mi mente por ejemplo, en sus manos sobre mi cuerpo, en sus labios color rosa. En él tan parecido a ti.

Más de una vez llegué a preguntarme si había algo en ella que te hiciera recordarme. Quizá sería al revés, quizá en mí la buscaste a ella, quizá siempre ha sido así. Pero hoy te veo sin tanta playa y con menos pecas. Ya sin pedir permiso, aquí sin culpa, tú sin ella, yo sin él. Con los mismos amaneceres que nunca nos cansamos de ver, con diferentes sábanas pero las mismas risas. Y sé que es aquí, justo donde quiero estar. A tu lado donde no pasa el tiempo, donde las puestas de sol no hacen falta, donde el segundero casi no sirve y tus latidos son mi mejor reloj.

Y la distancia no significará nada y los amaneceres seguirán siendo. Y ya no quiero darle la espalda al destino y no busco más reloj que tus latidos, cuando después de haber perdido la cuenta entre tus pecas, tus besos son el mejor remedio, para acabar con el tormento del destiempo y el amor, cuando te buscaba en otros labios y solo conseguía escuchar un “no eres tú,  yo” y es que siempre fue él, simplemente porque nunca fuiste tú.

-Daddy’s little girl-

Durante años he escuchado que todo es efímero, pero lo cuestiono porque tengo la certeza de que algunas cosas son eternas. Todos partimos, dicen, pero a la vez, siempre nos quedamos y todo pasa –fiel partidaria de esto– aunque algunas cosas siempre nos acompañen. Es irrefutable que como nosotros, todo, es una colección de paradojas.

Ya casi no recuerdo, aunque me aferre ciertas cosas se han ido y debo confesar que tengo miedo. Sí, lo sé, suena irónico ya que hace no tanto hubiera dado cualquier cosa por borrar todos y cada uno de mis recuerdos. Lo cierto es que siento casi el mismo miedo que sentí aquella madrugada de febrero cuando supe que no volvería a saber de ti. Desde entonces te busqué, te busqué en cada rincón, desde aquel agosto lluvioso, de la manera más equivoca, pero te busqué y en ocasiones tiendo a pensar que quizá siempre he de buscarte, porque siempre me has faltado.

Cierro los ojos por un momento y estás tú, eso es lo increíble de la mente. Tú y tu voz tan segura, tus manos firmes y hermosas –las más hermosas con las que me he topado- y el calor de tu pecho, el único calor que reconozco como hogar. “Home is such a cozy place” y vuelve el miedo cuando en ese preciso instante en que estoy tratando de buscar tu mirada, no puedo recordar tus ojos, y sé que no debo hacerlo a través de aquel frasco lleno de pastillas que hoy me esconden.

Me despierto y ya no estás. He luchado, lo juro, luché contra la vida para salvarte, he luchado desde entonces para que te quedes o simplemente para verte una sola vez, pero te has ido y entre lágrimas y gritos entiendo que era tu tiempo y esta soy solo yo sintiendo, todo lo que reprimí en aquel entonces. Y aunque a veces me olvide como solías ser, te extraño.

Te extraño en el olor de las rosas, en realidad en casi cualquier flor, en las competencias de cálculo, entre la velocidad y el tiempo, estás tú, distancia… y te extraño en cada abrazo, cada canción que hable de ti, cada cigarro, cada persona, cada momento, aun siendo feliz lo hago. Y me ha costado como jamás pensé que costaría perdonarle al mundo tu partida y perdonarme no haberte sabido perdonar cuando aún había tiempo. Y entre otra de las certezas sé que el tiempo nunca será suficiente.

Y por eso te espero, te espero más que en sueños, en mi soledad. Te espero en el cigarro de las doce junto con un poema y aquella canción que solías cantar. Te espero en cada lágrima dedicada a un hombre quizá parecido a ti. Te espero en cada pelea donde ya no puedo recurrir a tu llamada.Y aunque sé que estás dentro de mí, ya no sé si siempre estás.

Todo es efímero, la vida por ejemplo que a su vez es tan eterna e imprecisa como aquel recuerdo que sembramos en los corazones de nuestros seres queridos. Tu recuerdo en el mío, por nombrar alguno. Todos partimos, con la muerte o eso dicen, y a la vez nos quedamos para siempre como tú te quedas no solo en mis recuerdos sino en cada glóbulo de mi sangre. Todo pasa comentan pero los dos sabemos que tu pedacito de cielo siempre me acompaña.

Pero mientras tanto, puedes estar tranquilo que todavía no soy tan princesa para que me lleves a tu castillo –estoy bien-